GEURE ESKU ELEIZEAREN ETORKIZUNA
Sarrera moduan
Homo faber — Homo sapiens jatort burura gai hau hasterakoan, Eleizearen etorkizuna geure esku dagoala azaltzeko, oraindino argi ez daukadan arren sinismena bizi izateko eta hau Eleizan bizi izateko aukerea egina dogun.
Gizarte honetan batzui (geuri, ziurrenik) homo faber izatea egokitu jaku; hau da: gizaki langilea, edo trebea. Hori dala-eta uste dogu egiten edo ekoizten ez dauana parasitoa dala, besteen lepotik bizi dala.
Horrexegaitik ikusten dogu, behar bada, sinismena eta Jainkoagazko hartu-emonak edo erlijinoa bazterreratuta, horrek jaten emoten ez daualako.
Egiaz, jaten emoten dauana baino ez dogu izan behar kontuan? Zer elikatzen dau janak? Gure sabela, gure haragia, gure kanpoa... Itxura hutsa baino ez ete gara, ba? Ez dau gure barruak, gogoak edo espirituak, elikatzerik behar?
Mens sana in corpore sano esaldia ere entzunda daukagu. Gorputz zindoa dogu beharrezko adimen zindoa izan gura badogu. Baina adimenik ezean, edo adimena elikatu ezik, zertarako dogu gorputz zindoa?
Jesusek ez eban ahaztu edo baztertu gorputza, edo osasuna; gaisotasuna ezabatzen ahalegindu zan, osasuna garatzen... oso-osoko izatera bultzatzeraino, goitik beherako osasuna, gorputzarena eta gogoarena (adimenarena). Gogoratzen dogu bere esaldi hau: Gizakia ez da ogi hutsez bizi Jainkoaren ahotiko hitz guztitik baino.
Eta hemen geu sartzen gara.
Nahikoa dogu ogi hutsez, homo faber izateaz, geure trebetasunean gelditzeaz..., ala homo sapiens (gizaki jakituna) elikatu gura dogu Jainkoaren ahotiko hitz guztiz?
Zelan, baina? Pentekoste domeka honetako ebanjeliora jo daigun. Zertarako, baina? Berreskuratu daigun azken topaketetan esandakoa: Eleiza Sinodala egiten dihardugu...
Espiritu Santuak irakatsiko deutsue guztia.
✠ Jesu Kristoren Ebanjelioa San Joanen liburutik
Jn 14, 15-16. 23b-26
Aldi haretan, Jesusek esan eutsen ikasleei:
«Maite banozue, beteko dozuez nire aginduak. Nik Aitari eskatuko deutsat, eta
beste Laguntzaile bat emongo deutsue, beti zeuekin egon dadin, egiaren
Espiritua. «Ni maite nauanak gordeko dau nire berbea; nire Aitak maiteko dau,
eta Aita eta biok harengana etorriko gara eta harengan egingo dogu bizilekua.
Ni maite ez nauanak, ostera, ez ditu gordetzen nire berbak. Eta entzuten dozuen
berbea ez da nirea, bialdu nauan Aitarena baino.
Zuekin nazan artean esan deutsuet hau. Baina
Aitak Laguntzailea, Espiritu Santua, bialduko deutsue nire izenean; harek
irakatsiko deutsue dana eta gogora ekarriko Nik esan deutsuedan guztia».
(Fray Marcosen iruzkina)
EL ESPÍRITU ESTÁ EN TODO Y NO TIENE QUE VENIR DE NINGUNA PARTE
Como el Padre me ha enviado, así también os
envío yo;
recibid el Espíritu Santo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el primero de la
semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo
a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a
vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el
costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús
repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo».
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre
ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los
pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan
retenidos».
Para entender hoy lo que celebramos, debemos mirar a la Trinidad. Lo que digamos lo tenemos adelantado para el próximo domingo. Que yo sepa, la teología oficial nunca ha dicho que el Padre, el Hijo o el Espíritu actuaran por separado. La distinción de las personas en la Trinidad solo se manifiesta en sus relaciones “ad intra”, es decir, cuando se relacionan una con otra. En sus relaciones “ad extra”, es decir, en sus relaciones con las criaturas, se comportan siempre como uno. El pueblo y algunos manuales piadosos han atribuido a cada persona tareas diferentes, pero esto no es más que una manera inadecuada de hablar.
La fiesta de Pentecostés está encuadrada en la Pascua, más aún, es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos y queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción espectacular del Espíritu a través de Jesús. También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros de Dios-Espíritu.
Según lo que acabamos de decir, siempre que hablamos del Espíritu, hablamos de Dios. Y siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu. Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí (Ley), y que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua, pero sabiendo que no tiene que venir de ninguna parte. Queremos significar que el fundamento de la nueva comunidad no es la Ley sino el Espíritu.
Tanto la “ruah” hebrea como el “pneuma” griego, significan viento. La raíz de esta palabra en las lenguas semíticas es rwh que significa el espacio existente entre el cielo y la tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Sería el ámbito del que los seres vivos beben la vida. En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida. En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración.
No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término "ruah" (espíritu). Solamente en 20 pasajes de las 389 veces que aparece en el AT, podemos encontrar este sentido. En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios (su energía) que capacita a alguna persona, para llevar a cabo una misión concreta que salva al pueblo de algún peligro. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu al pueblo en su conjunto.
En el NT, "espíritu" tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto todavía judío. El mismo término "ruah" se presta a un significado figurado o simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona distinta de Dios o de Jesús. "Os mandaré otro consolador." El NT no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la obra del Espíritu Santo, pero no está claro si el Pneuma es una entidad personal o no.
Jesús nace del E. S., baja sobre él en el bautismo, es conducido por él al desierto, etc. No podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él. Según el NT, Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del Espíritu Santo está siempre con ellos, en otros dice que no les dejará desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.
Hoy sabemos que el Espíritu Santo es un aspecto del mismo Dios. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de ser en el orden espiritual. Nada puedo ser ni hacer sin él, pero tampoco puedo estar privado de su presencia en ningún momento. Todas las oraciones encaminadas a pedir la venida del Espíritu nacen de una ignorancia de lo que queremos significar con ese término.
Está siempre en nosotros, pero no siempre somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, porque actúa siempre conforme a ella, su acción no la notaremos. Un ejemplo puede ilustrar esta idea. En una semilla hay vida, pero en estado latente. Si no coloco la bellota en unas condiciones adecuadas, nunca se convertirá en un roble. Para que la vida que hay en ella se desarrolle, necesita una tierra, una humedad y una temperatura adecuada. Pero una vez que se encuentra en las condiciones adecuadas, es ella la que germina; es ella la que, desde dentro, desarrolla el árbol que llevaba en potencia.
Dios (Espíritu) es el mismo en todos y nos empuja hacia la misma meta. Pero como cada uno estamos en un “lugar” diferente, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto. No es pues, la meta la que distingue a los que se dejan mover por el Espíritu, sino los caminos que llevan a ella. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu, pero su tarea es completamente diferente. Una mayor humanidad será la manifestación de su presencia. La mayor preocupación por los demás es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él.
Si Dios está en cada uno de nosotros como Absoluto, no hay manera de imaginar que pueda darse más a uno que a otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu. Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo. Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de autoridad, estamos dejándonos llevar de nuestro espíritu raquítico, no del Espíritu.
La presencia de Dios en nosotros nos mueve a parecernos a Él. Pero, si tenemos una idea masculina de Dios como poder, señorío y mando, que premia y castiga, repetiremos esas cualidades en nosotros. El intento de ser como Dios en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso. El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús, que es amor total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu o a nuestro espíritu.
Dios llega a nosotros acomodándose al ser de cada uno. El Espíritu nunca supone violencia alguna. No lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad. Pablo lo vio claro: Formamos un solo cuerpo, pero cada uno es un miembro con una función diferente pero útil para el todo. Esa uniformidad, pretendida por los superiores en nombre del Espíritu, no tiene nada de evangélica, porque, lo que se intenta es que todos piensen y actúen como el superior. Si todos tocaran el mismo instrumento y la misma nota, no habría nunca música.
Meditación
Como el aire que respiramos
mantiene la actividad vital,
el Espíritu absorbido nos mantiene en la Vida.
No podemos separar la vida biológica del ser vivo.
Tampoco podemos separar la Vida espiritual del Espíritu.
Siempre que exista Vida se manifestará en obras.
1) Nire arduretarikoa da ni besteentzat zer nazan? Zelan zaintzen dot?
2) ... eta nire sinismena, eleiztartasuna, Jainkoagazko hartu-emonak?
3) Zer egin geike gure eleiz alkartea sustatzeko, gaurkotzeko, sinodalitatean sartzeko...?
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